La selección de Rusia que competirá en Austria y Suiza tiene muy poco que ver con la que disputó la fase final de la Eurocopa de Portugal. Juventud y talento se dan la mano en un combinado dirigido por Guus Hiddink, ciudadano del mundo, que ha logrado imprimir un carácter ganador a sus futbolistas, capaces de heroicidades como la que firmaron en el cierre de la clasificación, ganando cinco de los seis partidos finales y alcanzado, por tanto, la segunda posición del grupo E. Bajo la denominación de Rusia, atrás quedaron los años de gloria del sólido bloque soviético, nunca ha superado la primera fase de una Europeo, y quizá sea esta la ocasión propicia para sobrepasar este muro.
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Con un equipo amparado en el compromiso, sólo siete goles encajados durante la fase de clasificación, Hiddink perpetra un centro del campo con cinco futbolistas, la base de su éxito, que trabajan a destajo para tapar agujeros y que despide toda la energía y nervio del mundo cuando acometen campo rival, donde un hombre, Roman Pavlyuchenko, perteneciente al Zenit, ha ganado en protagonismo con el paso de los encuentros, y eso que rivaliza con la estrella del equipo, el ariete Andrei Arshavin –al final de la clasificatoria, Hiddink, incluso, tuvo que ceder ante las presiones de la prensa y colocar a los dos jugadores en punta simultáneamente, modificando en parte su esquema de partida-.
Nota: 6.
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