La historia del deporte contiene perfiles de estrellas prepotentes, maleducadas, iracundas, con mal perder y peor ganar, siempre listas para humillar al rival. Rafael Nadal es todo lo contrario. Su duelo de caballeros con el suizo Roger Federer se ha convertido en un ejemplo de juego limpio, una "bofetada" amable a quienes no saben estar en las canchas.
El respeto a los rivales, incluso a los más agresivos, es una constante de su filosofía deportiva. Sencillo, siempre dispuesto a atender a los aficionados, caballero dentro y fuera de la cancha, Nadal entra en la historia al lado de los competidores que han buscado en el deporte un camino de ejemplaridad. Es por ello que un jurado presidido por Juan Antonio Samaranch le ha galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2008.
Es por ello que este tenista de fuerza y pasión arrolladora en las canchas ha cautivado a los aficionados de todo el mundo. Y es por ello que Nadal es hoy en día uno de los grandes iconos del deporte del siglo XXI y un ejemplo a seguir por las jóvenes promesas que tratan de imitar sus golpes mientras miran a sus rivales con respeto y, por qué no, admiración.