En Marsella, esta temporada, se ha podido ver la mejor versión de Franck Ribéry. A excepción de una actuación más que mejorable en la final de Copa, el extremo se ha ganado el derecho de conducción del juego ofensivo del conjunto marsellés. En la ciudad portuaria donde Zidane es un ídolo y Clemente pasó con más pena que gloria, la joven promesa gala se ha hecho un hueco definitivo para dar el salto a la selección.
Hasta ese momento éramos pocos quienes le conocíamos. Ahora, después de lucirse en el escaparate mundialista y, sobre todo, después de participar activamente en la eliminación de España, ya no le perderemos la pista. La banda de Roberto Carlos será su próximo desafío. Juventud y desparpajo frente a frente y, en el horizonte, el deseo de encazuar por la senda del éxito una vida marcada por la superación.
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