Lilian Thuram es un futbolista atípico. Y no por su manera de jugar sino por cómo es fuera de la cancha. El francés es un lector compulsivo, de verbo fluido e inteligente, y no es raro verle con un tratado filosófico entre las manos o un ejemplar del diario Libèration. Sus ruedas de prensa, por tanto, aportan más de lo normal.
La familia de Thuram emigró de Guadalupe a París cuando él tenía 9 años, y su madurez en un barrio marginal le convirtió en una persona comprometida y consciente de los problemas en las barriadas pobres. De hecho, Nicolas Sarkozy le pidió su opinión cuando las revueltas en Francia se hicieron insostenibles en 2005.
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