Ni el Bernabéu ni el madridismo deben llevarse a engaño por lo que ha costado ficharlo, ni por la insistencia de Capello en considerarlo imprescindible. «Djilla» Diarra no tiene un rizo de galáctico. Salvo que en ese vestuario y al ponerse la elástica blanca se transforme, es lo que se entiende como un jugador de club puro y duro
. Un futbolista más bien oscuro, que no brilla ni cala especialmente entre la afición y vende las camisetas justas. Uno de esos disciplinados profesionales sin los que se puede vivir, pero que cuando se tiene hay que valorar como se merece porque cada partido se gana el pan y se va haciendo indispensable en su equipo, si no imprescindible. Deschamps, un experto en su puesto y ahora entrenador del Juventus, le definió la temporada pasada como "el mejor jugador que disputa la Liga francesa".
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Fuente: Redacción deportes 1/8/2006