En la calle Sicilia de Barcelona le esperaban cámaras, micrófonos y grabadoras. El interés no era tanto la escultura, como por saber la opinión del presidente de la RFEF sobre el 'Villarato'. Villar toreó todo tipo de preguntas, evitando meterse en un berengenal peligroso según bajas las aguas. Evitó fotografiarse leyendo la edición del diario deportivo barcelonés 'Sport', en la que se clamaba por poner punto y final a la campaña, pero tampoco quiso responder ninguna pregunta para no tener que hacer frente a las más incómodas. Villar guarda silencio. Mejor pensarán unos y otros, sabiendo las lindeces que suelen salir de la boca del presidente del fútbol español.
Redacción Deportes |
11/2/2010 |