El centrocampista brasileño Ramires Santos do Nascimento ansía cerrar su etapa en el Cruzeiro con el broche de oro de un triunfo en la Libertadores, que le haría llegar muy revalorizado al Benfica, equipo que le abrió las puertas de Europa.
Si el Cruzeiro derrota este miércoles al Estudiantes de La Plata, Ramires sumará a su palmarés su segundo título internacional en menos de un mes, después de ganar la Copa Confederaciones con la selección brasileña.
Con tan solo 22 años y en una ascensión fulgurante, Ramires pasó de novato en la lista de Dunga a titular en los partidos decisivos que elevaron a Brasil a los laureles en Sudáfrica.
Ramires se convirtió en el máximo responsable de refrescar y dar velocidad al juego de la 'verde-amarilla', de sorprender con sus internadas incisivas y de crear alternativas al juego cada vez más previsible de la selección.
Y es que si algo define a este jugador es su versatilidad, lo que le permite jugar en cualquier posición en el centro de la cancha y convertirse en el protagonista en la creación de juego y en la recuperación de balones.
Tanto en las categorías inferiores del Cruzeiro, como en sus primeros dos años con la primera formación del equipo, Ramires se destacó por su papel de medio centro defensivo aguerrido, pero ya demostró que también sabía tocar el balón.
Muy pronto se hizo titular indiscutible por su garra y su determinación por perseguir toda bola perdida así como por su capacidad ofensiva que fue demostrando en un goteo intermitente pero cada vez más constante.
Conforme se afianzaba en la primera división brasileña, ganó en soltura y se fue acercando cada vez más al área rival, desde donde comenzó a desplegar un amplio repertorio de chutes potentes y rabiosos que suelen acabar en la portería.
Llegando desde atrás, marcó nada menos que cinco goles en la Libertadores de 2008, en la que el conjunto 'mineiro' cayó de forma prematura en los octavos de final ante el Boca Juniors.
Para aprovechar su buen manejo con los pies y su soltura para penetrar entre la línea de defensas, el técnico Adilson Batista le adelantó de posición, dejando ya para atrás su fase de volante, para convertirse en el media punta más hiriente, en el estilete del equipo y en uno de los que más asistencias sirven.
En esta temporada su rendimiento goleador ha bajado sensiblemente, aunque ha sido para aprovechar al máximo su conexión con el delantero Kléber, destino de la mayoría de sus pases y con el que forma una pareja letal.
Este repertorio de cualidades llevaron al Benfica a pagar 7,5 millones de euros por Ramires, aunque su actuación en la Confederaciones y lo que pueda hacer el miércoles en la final podría triplicar el valor que el club lisboeta pagó por él, cantidad que en Brasil ya se considera como mera calderilla.
Agencia EFE |
14/7/2009 |